No es lo mío

Las dos y cuarto. Vamos a llegar tarde. Estoy esperando a Mar. Me manda un mensaje: “Ya. Bajamos”. Salgo pitando hacia el ascensor. Tengo que terminar de escribir un documento, pero lo haré después. Estoy abajo. “Corre que es tarde”.

Resulta que el sitio está más lejos de lo que pensaba y, aunque sólo llevo un poco de tacón, me cuesta andar rápido. “Es aquí. Ya verás que guay es la profe. Te va a encantar”. Mi amiga me lleva repitiendo lo mismo toda la semana, así que ya puede ser verdad.

El sitio es un poco cutre pero no me da tiempo ni a comentarlo. “Venga que empieza ya”. Nos cambiamos a toda velocidad. Para cuando llegamos a la sala, la clase ya ha comenzado. Las demás chicas están tumbadas en el suelo con los ojos cerrados. La profe parece en trance.

Busco un sitio y coloco la esterilla. Me tumbo y cierro los ojos. “Haced una respiración completa e id trayendo vuestra mente a la clase”. Puf, se ha pasado con el incienso. Oigo que mi corazón late más rápido de lo normal, es porque hemos corrido. Ahora traigo mi mente a la clase y se me pasa. Oh no. No puede ser. Abro los ojos de golpe. Tenía que haber mandado un email y se me ha olvidado. Mierda. No sé si eso lo he dicho en alto. No, parece que no, que sólo he gritado mentalmente. Bueno, da igual. Ahora a ver si me relajo. Vuelvo a tomar la posición de relajación. “Tomad conciencia de vuestro cuerpo”. En cuanto vuelva a la oficina escribo el correo. Espero terminar el documento ese hoy. “Inspirad y expirad en cuatro tiempos”. Abro los ojos. A ver si conozco a alguien. Con estas pintas no reconozco a nadie. Anda que para pintas las mías, me he traído lo más viejo que tenía. Dí que el sitio este no es muy glamouroso tampoco. Todo el mundo está muy concentrado. Todo el mundo, menos yo. Venga, dejo de mirar . “Sentid el aire entrar y salir”. Mañana el niño tiene piscina. Y que no se me olvide comprar plátanos. Y pagar a la chica. Si tuviera papel y boli haría una lista, que luego se me olvidan las tareas. Qué de cosas, y yo aquí tumbada, respirando. ¿Cuánto tiempo llevamos así? Miro el reloj. Qué lento es esto.

“Vamos a tomar la posición de no sé qué”. No entiendo lo que dice la profe, pero como todo el mundo se mueve, yo hago lo mismo. Por fin algo de movimiento. No entiendo los nombres de las posiciones, pero yo voy haciendo lo que puedo. Así estoy más entretenida. En los descansitos entre posturas, repaso mentalmente la maleta que tengo que preparar para el finde y lo que falta en la nevera. Al cabo de un rato, parece que me relajo. Más bien me entra el sueño. Será el colocón de incienso. Bostezo. En los estiramientos casi me quedo dormida.

Termina la sesión. Mar se me acerca. Se la ve encantada. “¿A qué te sientes como nueva?”. Si, mucho. Necesito un café y ponerme las pilas ya, que me he dado cuenta de que tengo la tira de cosas por hacer. Qué agobio.

Conclusión: está visto que el yoga no es lo mío. Otro día pruebo la electroestimulación.

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