De mal en peor

Últimamente no levantamos cabeza. Nos ha mirado un tuerto. Alguien nos está haciendo vudú.

Mi hija pilló una Estomatitis herpética. Yo tampoco lo había oído nunca. Pero existe. Básicamente consiste en que se te llena la boca de llagas. ¿Os imagináis? Pues ahí estaba mi niña de tres años, con la boca hecha unos zorros, las encías inflamadas, sin poder tragar ni dormir del dolor.Una tortura para ella y para todos. Qué manera de gritar. A su lado, la niña del exorcista era la viva imagen de la dulzura.

Pero bueno, ya está bien. Ya pasó. Después de más de una semana sin dormir, sin casi comer, aguantándonos todos el mal humor, se terminó. Pensaba yo entonces que volveríamos a la normalidad. Pero no. Algo peor iba a ocurrir.

No, por favor. No puede ser. ¿Qué he hecho yo? Todo menos eso. Pues sí, ahí está: mi marido se ha  acatarrado.

Primera señal: Me encuentro mal. ¿Qué puedo tomar? Prueba irrefutable: Creo que no voy a ir a jugar el fútbol. Oh no. De verdad se encuentra mal.Lo que nos espera.

Se arrastra por la casa despacio, encogido. Resopla. Con sus últimas fuerzas remueve el frenadol en el vaso. Tú no sabes que mal me encuentro, nunca he estado tan mal. Por supuesto: Quédate tú con los niños, no vaya a contagiarles. Y la coletilla: Diles que les quiero.

Y así está. Tomándose la fiebre cada cinco minutos. Pero el termómetro sigue marcando 37. Debe de estar estropeado, porque estoy muy enfermo. Si claro, mi amor.

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