Alejandro

Amiga mía, lo sé. Yo también.

Si se da la vuelta, me voy con él.  Disparada.

Tiene algo que los demás no tienen. Sólo con verle me pongo a tararear. Cuando nadie me ve. Y cuando me ven, también. Llevo toda la mañana con los cascos puestos en la oficina, escuchándole. Que nadie me moleste. Así le doy al teclado con otra alegría. Creo que he cantado algo en voz alta. Qué más da.

Quisiera ser. Y si fuera ella. Corazón Partío. Con esta me vengo arriba. ¿Cuántas veces la habré cantado ya? ¿Y gritado? Copa en mano, con mis amigas en un bar. En la próxima boda la pido.

Lo siento por Antonio, que es muy gracioso. Por las chicas lo siento menos. No me compares. No es lo mismo.

Y es que encima parece majo.

Una pena no saber cantar para ir a La Voz.

El mejor blog

Domingo por la tarde. Había sido un fin de semana de esos que hacen que casi desee que llegue el lunes: no había parado de llover ni un minuto y mi hija la mediana estaba enferma. Resultado: dos noches sin dormir y  los niños subiéndose por las paredes de casa. Rodeada de mocos y llantos, me estaba tirando de los pelos y maldiciendo mi suerte cuando vi en el buzón el correo de mi amiga Cristina. ¿Desde dónde escribe hoy? Desde Mozambique. Se ha ido con Médicos Sin Fronteras a colaborar en un proyecto contra el cólera.

Coincidí con Cristina de Erasmus. Durante unos meses nos vimos todos los días, a todas horas. Lo que más me gustó de Cris es que siempre estaba de buen humor. Pura energía positiva: siempre viendo el lado bueno de las cosas. Una de esas personas a las que siempre quieres tener a tu lado.

Al terminar la carrera, cada una siguió su camino pero nunca perdimos el contacto. Yo me vine a Madrid y me puse a trabajar. Cristina se volvió a Barcelona y enseguida empezó a recorrer los países más pobres con una ONG. Desde allí, a intervalos irregulares, escribe sus correos. Siempre empieza diciendo donde está, porque va cambiando de misión cada poco. Sus textos son preciosos y terribles a la vez. En ellos se mezclan enfermedades, pobreza y muerte con alegría, generosidad, vida y esperanza.

El correo de Cris fue como un tortazo en la cara. Me hizo pensar. Recapacitar. Puso cada cosa en su sitio. Cuando se acostaron los niños, busqué y releí los correos de Cris que he ido recibiendo todos estos años. Me pareció escucharla contándome ella misma sus aventuras.

Os dejo una pequeña muestra de sus relatos, acompañados de sus propias fotos. Sin duda, el mejor blog que conozco.

Mozambique. Ayudando contra una epidemia de cólera

“Ahora estoy en Mutarara, una zona súper rural que en época de lluvias se queda prácticamente aislada. Para llegar aquí tuve que hacer 10 horas de carretera llena de baches y por supuesto nos quedamos estancados en el barro una vez !!! Eso si, el camino era una maravilla: típica estampa de África rural, pasando poblados con casas de adobe y techos de paja, campos de mijo, hombres charlando a la sombra de los baobabs, mujeres y niños lavándose en el río, mujeres cargando garrafas de agua en la cabeza y el bebé a la espalda, niños jugando a fútbol con una pelota completamente destartalada y porterías hechas con troncos,… y un atardecer espectacular sobre el río Zambezi ! Hubiera hecho mil fotos !”

Mozambique 2015
Mozambique 2015

Guinea. Ayuda contra el ébola.

Centro de Ébola. Guinea
Centro de Ébola. Guinea

“El otro día intentamos traer 3 ambulancias con 10 pacientes y se vieron bloqueados en medio de la carretera durante 5 horas, … se hizo de noche, llovía a cantaros,… y al final tuvieron que dar media vuelta y volver… y claro, 3 personas llegaron muertas,… Se ve que ha pasado muchas veces que se ha muerto algún paciente en el trayecto…imaginaros la situación…”

“Hace un mes que llegó una madre con su hijo de un año al centro porque ella estaba enferma. La madre finalmente murió de ébola (la historia no empieza muy alegre …pero esperad). El hijo está sano, nuca tuvo ébola, pero nadie venía a buscarlo. Llevaba un mes a cargo de una mujer que cuidaba de él en una tienda  donde viven los familiares de los enfermos, mientras el equipo de Health Promotion intentaba encontrar algún familiar. Finalmente hoy han encontrado al padre de la criatura que se ve que no buscaba ya a su hijo porque le daba por muerto así que imaginaros la alegría…. Hoy por fin se han juntado padre e hijo !!!”ébola

 La India

“Estoy en Delhi esperando a volver a España. La verdad es que es duro despedirse de este país tan espectacular después de haber estado 7 meses viviendo aquí. Me cuesta decir adiós a todo esto, a la fundación, a los voluntarios, a los indios, al país entero… pero supongo que he de estar contenta de haber pasado unos meses tan maravillosos, y ahora la vida continua. ¿Quién sabe dónde?”

La India¿ A que esto le cambia el día a cualquiera?

Sólo tengo una cosa más que añadir: si por casualidad buscabais una ONG con la que colaborar, os dejo el link de Médicos sin Fronteras. Cada euro estará bien empleado.

Fotos de Burkina Faso:

Burkina Faso 2012 Burkina Faso

Quiero ser Risto Mejide

Mientras te escucho lo pienso una y otra vez. Quiero ser Risto Mejide. Pero no el Risto de ahora. No estoy pensando en el que hace entrevistas sinceras, recibe premios por sus libros, y escribe textos llenos de verdad y sentimiento. No. Eso también me da envidia, pero no es lo que necesito en este momento. Ahora necesito al Risto juez de Operación Triunfo. Porque quiero decirte lo que pienso de ti y de lo que me cuentas.

Quiero ponerme las gafas oscuras y soltarlo todo. De una vez. Del tirón. Sin filtros. Quedarme a gusto sin mala conciencia. Sin miedo a herir. Porque tú tampoco tienes cuidado conmigo. No me vas a dar pena como alguno de esos chavales que intentaban cantar. Quiero ser Risto Mejide para que sepas que no soy idiota, que sé que me estás mintiendo.Te quiero decir que eres un producto malo, que no te quiero ni regalado. Que no sé quién te ha puesto ahí, pero que te quiero fuera. Que me aburres. Por cierto, vistes fatal.

No te lo digo ahora porque no puedo. Tengo que aguantarte un poco más. Pero espera. Que la vida da muchas vueltas. Ahora eres una piedra en mi camino. O el gusanillo que está debajo de la piedra (Dos piedras). Pero te voy a saltar. Y ahí te vas a quedar.

Mateo

Estaba claro que la historia de Mateo (http://medulaparamateo.com) no podía dejarme indiferente. Se llama como mi hijo y necesitaba un donante de médula compatible para luchar contra la leucemia.

Por eso, al terminar de leer su historia, no pude pasar a otra cosa. Seguí leyendo. Conocí a muchos otros Mateos, niños a quienes un día, sin previo aviso, la enfermedad había truncado la infancia. Leí las palabras de sus padres. No me atrevo a decir que me puse en su piel, porque sólo ellos conocen su dolor. Los admiré a todos, hombres y mujeres empeñados en vencer a la maldita enfermedad. Porque hay esperanza. En el caso de la leucemia, la esperanza se llama transplante de médula. Pero se necesita un donante compatible y las probabilidades son bajas. Por eso, al conocer la enfermedad de Mateo, sus padres emprendieron una campaña informativa para fomentar la donación de médula.

Me hice donante sin pensarlo más. Es fácil, es sólo un pinchazo. Luego, si alguien te necesita, te llaman. Lo hice por todos los Mateos, grandes o pequeños. Porque no podía quedarme de brazos cruzados delante de esos niños y sus familias. Y, por qué no confesarlo, porque otro día puedo ser yo la enferma. O, peor, pueden ser mis hijos. Sí, entre las razones que me empujaron a hacerme donante y a animar a la gente a hacer lo mismo, hay una parte de egoismo. Sí, el miedo a que le pase algo a los míos me facilitó la decisión. Pero no me siento culpable. En este caso, creo que la intención no es lo que cuenta. Da igual el por qué, lo importante es salvar vidas. Que cada uno busque su razón y lo haga.

Al cabo de un tiempo, Mateo encontró su donante. Pero su familia no ha dejado la lucha: ahora busca médula para todos. Se merecen nuestra admiración y agradecimiento.

A mí todavía no me han llamado. Si algún día lo hacen, estaré lista.

El Langui

Me sonaba El Langui (nacido Juan Manuel Montilla) de verle alguna vez en la tele de refilón. Sabía que era rapero y que había aparecido en “Fuga de cerebros 2”. Y con eso me bastaba para pasar de él. Ni me había preguntado cúal sería su historia, ni me había parado a pensar en cúal era exactamente su enfermedad.

Y un día le vi sentarse en el Chester de Risto Mejide. Y cuando iba a cambiar de canal (el Chester es el típico programa que veo sólo si me interesa el invitado), le escuché. Me atrapó; no pude darle al botón del mando. No sólo no hablaba como un rapero (o como yo me imaginaba que hablaban los raperos), es que su voz y sus palabras me sedujeron de inmediato. Hablaba de forma clara, sincera, sin dar rodeos y transmitiendo alegría.  Y luego, claro, estaba lo que decía.

Habló de todo y, por supuesto, de su enfermedad, la que le ha condicionado la vida. No le escuché  quejarse ni lamentarse una sola vez. Con una sonrisa y un chute de positivismo contagiosos, contó como había caído mil veces y como se había levantado otras tantas. Habló de los sueños, del esfuerzo.

Mención especial a sus padres. Contó cómo su madre le llevaba cada día por medio Madrid para ir a rehabilitación, mientras su padre trabajaba todas las horas necesarias para pagarle sus cuidados.  Cómo le animaban cada día a esforzarse, sin ponerle nunca las cosas en bandeja. Me encantaría escuchar a los padres de El Langui. Con la de charlas baratas que se dan por ahí sobre esfuerzo, motivación y superación personal, la de estos señores vale oro.

Fue un placer escucharle. Y una lección para mí. Primero, porque yo le juzgué “por las pintas”, y, luego, porque su vida da sentido a las palabras esfuerzo y alegría

Y como para redimir mi falta por haber pasado de él estos años, me puse a leer su libro “16 escalones antes de irme a la cama”. Lo tengo en la mesilla. Los capítulos La Ilusión y El Esfuerzo, pilares que muchos parecen haber perdido hoy, deberían ser de (re)lectura obligatoria para todos.

“Alegría, esfuerzo, detalles e ilusión. Sigue esforzándote y luchando, ya que nos sentiremos la excepción”. Así firmó El Langui su chester. No puede gustarme más.

La típica vecina ideal

El otro día comprobé que mi vecina Lucía tiene la casa ideal, a su imagen y semejanza. Notad que digo ideal, no perfecta. No es la típica mujer a la que ves con sus tres hijos rubios perfectamente vestidos enconjuntados, pulcros y peinados como si acabaran de salir del catálogo de Nanos. No, ella está por encima de eso. Porque su hija a veces lleva un chándal rosa de terciopelo, pero hasta lo hortera le queda bien.

Cuando subí a dejarle unas cosas para el bebé que va a tener (embarazada está monísima, claro), me la encontré perfectamente vestida de forma informal pero arreglada, como tiene una que estar cuando va a pasar la mañana tontamente en casa. Yo subí en chándal, porque después pretendía salir a correr (la vuelta a la manzana, no os penséis que doy para más). Al abrirse la puerta sentí que sobraba en ese pasillo con pintura alegre y bonitos elementos de decoración. No pasé de la entrada, no me atreví, me sentía fuera de lugar, fea en un hogar tan harmonioso, me fui (literalmente) por patas.

Después de cinco gloriosos minutos corriendo volví a mi casa. Me prometí a mi misma que algún día tendría una bonita entrada con papel pintado, un lugar acogedor donde dar la bienvenida a mis visitas como hace mi vecina, no ese trastero donde conviven sin orden ni gracia abrigos, carritos y bicis de niños. Hay tantos trastos en mi entrada que cualquier día no puedo abrir la puerta.

Otro día os cuento más de mi vecina, ahora voy a por una revista de decoración.